En Descamar, la cámara se pega a la piel y el silencio se vuelve grito. Lo que no se dice, se siente. La sangre irrumpe como acto de liberación y metáfora de tránsito. Lo íntimo se vuelve político. Un cortometraje poético y vital que interpela prejuicios, incomoda con belleza y transforma la mirada sobre el cuerpo y lo femenino. Mina Margo